Profesor titular da Universitat Pompeu Fabra
Hai apenas quince días, Daniel Cassany participaba no Congreso Bibliotecas Escolares en Tránsito, celebrado en Santiago de Compostela.
A través de Cristina Novoa, asesora de Bibliotecas Escolares, chéganos este artigo publicado na Revista Escuela, no que o autor rememora o Congreso e aporta a súa visión sobre como imaxina unha biblioteca escolar.
Bibliotecas
En el pasado congreso de Bibliotecas Escolares en Tránsito, en Santiago, me preguntaron cómo imaginaba una biblioteca escolar. La pregunta tiene trampa: ¿No tendrán pronto todos los centros wifi, portátiles y repositorios en línea de material didáctico? Entonces... ¿tiene sentido gastar dinero en libros y estantes?
¡Pues sí! Para mí la biblioteca es un espacio de futuro, un entorno flexible para desarrollar la competencia en información que hoy necesitan los niños, en este mundo digital, globalizado, multicultural e infoxicado. Quizás Internet facilite el acceso a miles de textos, pero darles sentido y convertirlos en conocimiento es otra cosa. Hoy leer es más difícil que ayer, porque hay más textos, en más soportes y lenguas, y con más basura incrustada (exageraciones, mentiras). Los modos de producir, distribuir y recibir datos evolucionan a ritmo frenético, sin descanso. La formación inicial y continuada en información es imprescindible.
La biblioteca escolar es un lugar, una actividad y un concepto para atacar esta necesidad. Por supuesto, no me imagino una sala de lectura con cajones repletos de fichas de papel, estantes cerrados con candados o carteles pidiendo silencio. Hoy hablamos de CRA o CRAE (centros de recursos para el aprendizaje y la enseñanza) e imaginamos sitios con wifi, enchufes eléctricos, libros y equipamiento informático, con mesas y cabinas para el trabajo en grupo y el visionado de vídeos, con técnicos especializados que asesoran al alumno y colaboran con el docente, con una web potente, interactiva y cargada de vínculos y contenidos, con un horario generoso, dentro y fuera de las asignaturas. Imagino un CRAE que busca los mejores materiales de la red y los adapta a cada materia; gestiona la plataforma de aprendizaje de los alumnos y de coordinación de los profesores (Moodle); prepara y documenta las actividades extraescolares y los proyectos interdisciplinares; orienta a los chicos que leen y escriben en su tiempo libro; actúa de motor de los proyectos educativos del centro. Tiene docentes especializados, formados en documentación e informática, con contrato permanente. Forma parte de una red provincial, autonómica y estatal de bibliotecas escolares, que comparten proyecto, recursos e iniciativas. Lo pagan nuestras instituciones educativas y culturales, de cualquier color político, porque así lo exige la ciudadanía.
Como cantó John Lennon: You may say that I’m a dreamer, but I’m not the only one. I hope someday you’ll join us...